jueves, 26 de abril de 2007

lunes, 23 de abril de 2007

Fin de semana horizontal (nadie puede arrebatarme el amor)


Sueño con serpientes, con serpientes de mar,
con cierto mar, ay, de serpientes sueño yo.
Largas, transparentes, y en sus barrigas llevan
lo que puedan arrebatarle al amor.

No, no, no, no, no, no, la mato y aparece una mayor.
No, no, no, no, no, no, con mucho más infierno en digestión.

No quepo en su boca, me trata de tragar
pero se atora con un trébol de mi sien.
Creo que está loca; le doy de masticar
una palabra y la enveneno de mi piel.

No, no, no, no, no, no, la mato y aparece una mayor.
No, no, no, no, no, no, con mucho más infierno en digestión.

Ésta al fin me engulle, y mientras por su esófago
paseo, voy pensando en qué vendrá.
Pero se destruye cuando llego a su estómago
y planteo con un verso una verdad.

No, no, no, no, no, no, la mato y aparece una mayor.
No, no, no, no, no, no, con mucho más infierno en digestión.

lunes, 2 de abril de 2007

El ejército de los maravillosos


Por la noche, una habitación preparada para la acogida, su mano retirándome el pelo como si apenas ayer nos conociéramos, más dulce que el vino, el amigo al que yo más quería, el que hace su camino y me da la mano mientras ando por el mío. No creo que pueda haber sentido antes tanta felicidad no merecida, o, acaso, sea la espera la hacedora de su medida. Todos hemos sido hermosos alguna vez, pero el mundo nunca me pareció tan sublime. Noto de pronto un calor que me coge por los tobillos y me zarandea para gritarme que es cierto, y que, aunque no acabe de creerlo, este golpe de suerte lleva mi nombre. Somos mayores, responsables, independientes, currelas, estamos en el mundo, sin hacer daño, intentando sacar a cada paso lo mejor que tenemos por el puro lujo de ofrecerlo. Y no importan los llantos o las decepciones, porque en días como éstos sabemos que lo estamos haciendo bien, que somos todo lo ángeles que se puede ser, y que por eso, porque lo merecemos, la vida nos regala pequeños momentos de grandísima felicidad dentro de la felicidad libre de euforia cotidiana.
Me gusta cómo sois, me gusta cómo soy, me gusta el mundo que estamos construyendo; el del ejército de los maravillosos.
No se puede pedir más ni se debe esperar menos. Y entonces él me dice “últimamente no escribes mucho” y le contesto “No lo necesito”. No sé escribir cuando soy feliz.

miércoles, 21 de febrero de 2007

Y más que me voy a hacer


Me preocupa mucho últimamente la adecuación de la especie humana a su entorno, en el sentido amplio del tema y de una manera a mi entender científico-personal, que es lo mismo que decir que estoy inmersa en una investigación ardua pero no por ello poco gratificante enmarcada en un proyecto propio llamado “El Costillas vs Panecito”.
Y es que mi (nuestra) Santa Morada reúne dos condicionantes sumamente ricos en detalles que pueden apreciarse a simple vista y potenciar una grata y entretenida manera de pasar las horas muertas. Estos dos ricos en detalles son, respectivamente, un Ser gatuno (Panecito) y un Ser humano (el Costillas) en convivencia continua y por tanto obligados a soportarse el uno al otro.
Pueden ustedes pensar que no tiene nada de sobrenatural, pero creo haber descubierto una serie de detalles que faltos de irrelevancia espero pasen a engrosar las filas de los afortunados post referenciados, cuando menos, por Punset.
El caso es que Panecito y el Costillas han desarrollado ciertos comportamientos parejos a base de imitarse el uno al otro con la sana –en principio- intención de convivir en el mismo ecosistema en armonía. Por ejemplo, el Costillas ha adoptado la manía de bufar medio en broma medio en serio para dulcificar sus protestas, ronronear cuando una servidora le come la orejilla o le toca la tripa y salir pitando antes de que me suba el mosqueo, por si cae algo.
(Aun no he conseguido, por cierto, que me traiga la pelota, cosa que Panecito ya gestiona hábilmente, pero todos sabemos que aunque unas especies sean más avanzadas que otras siempre hay individuos insurgentes dispuestos a romper las normas, y Panecito es mucho Panecito).

Hasta aquí bien, porque que el Costillas tiene su gracia cuando bufa y ronronea y Panecito sigue haciendo lo que le viene en gana, que para eso es nuestro amo y señor (y esto también lo ha aprendido del Costillas, no se vayan a creer). Pero llegando a este punto no tengo más remedio que sacar a colación el espinoso asunto del repelente. Y aquí es donde la fama cuesta y vamos a empezar a sudar, porque hace aproximadamente dos meses, Panecito comunicó al mundo cuán grandes y compostelanos son sus dominios, que aparte de abarcar toda la casa (los escasos 40 metros uno a uno) incluyen la horizontal de la cama.
Primero envió unas cuantas circulares al Costillas en las que expresaba su absoluto dominio sobre el lado que hasta entonces le había correspondido (el izquierdo, claro, pues menudo es mi Costillas) y certificó con sendas meadas tales afirmaciones. Una vez conquistado este espacio, hizo pequeñas incursiones en mi lado y a los pocos días aquello se convirtió en una invasión en toda regla. Para refrenar ese furor imperialista y no llegar al punto en el que en el Reino de Panecito no se pusiera el sol, nos armamos hasta los dientes con repelente Whiskas, que resultó totalmente inodoro e insípido para mí y completamente insoportable para Panecito y también para el Costillas, que se me ponía hecho un basilisco cada vez que me veía con el bote de repelente en la mano.
Total, que ahora tengo el frente abierto con los dos varones de la casa, a los que repele por igual mi fantástico bote de pulverizador anti-cacotas.
Lo que me preocupa es que el Costillas, cada vez que replico “es que eres un exagerado” me mira con mala cara, bufa un poco y me contesta: “y más que me voy a hacer”. Por tanto, en un estado ideal de las cosas (científicamente hablando) supuestamente debería continuar la tendencia (¿podríamos llamarla moda, quizá aludiendo a un criterio estadístico?) imitativa entre estos dos deliciosos seres con los que convivo y llegar un día, sé que llegará, en que el Costillas también mee en mi cama, y tengo miedo.
Por ahora, lo peor es que Panecito, cuando le llamo cochino y esas cosas, también me mira con cara de Costillas y me maúlla; no estoy segura, pero a mí me parece que en su lenguaje felino me está diciendo “Y más que me voy a hacer”.
Que Dios nos pille confesados.

jueves, 8 de febrero de 2007

Lagata es un nombre de milonga


He vuelto a conquistar el terreno perdido a lo largo de estos años en que no he leído, cíclicamente y a la sombra de las pegatinas de asiento reservado by MetroMadrid, con las piernas temblando y el útero lleno de amor y coraje -que es como pienso que deben leerse las grandes historias, desde las gónadas- Malena es un nombre de tango. Y a medida que avanzaba mi lectura "Nadie podría exigir al niño oculto que yo deseaba ser lo que todos esperaban de mí por ser niña", me voy quitando el polvo-barrizal que mi supuesta falta de feminidad ha provocado y recordando a cada paso que soy una mujer y que ni estoy orgullosa ni dejo de estarlo, pero lo soy, al fin y al cabo, ni más ni menos que el resto de las mujeres de este mundo.
Y por mucho que se empeñen, de la misma forma que no siento la necesidad de demostrar que soy igual que un hombre, porque lo soy, tampoco tengo que demostrar que soy una mujer. Con dos cojones como balones de nivea, que dice mi Amor Platónico.
Pongo a SanBlog por testigo de que si alguna vez me siento obligada a ponerme tacones, leer el Cosmopolitan o hablar de lo tontos que son los hombres, para expresar mi adscrición al numeroso grupo de mujeres que se sienten al mismo tiempo modernas y femeninas sin que se las despeinen las cejas, me cambio de sexo. "Que me lo corten, que no lo merezco" imploraré ante ustedes.
Porque estoy harta de explicarme, harta de saber, confirmar que soy marciana, sentirme marciana, saber que engroso las filas del ejército de los maravillosos, que por pocos y políticamente correctos pierden de antemano las batallas y empiezan a luchar después de comenzado el combate. Estoy harta.
Y entonces mi Costillas me pregunta por qué siento que soy yo la rara, y no el resto, y replico que simplemente es una cuestión cuantitativa, porque ellas son más y yo una y trina, todo a la par. Pero en el fondo sé que estoy mintiendo, que soy cobarde, por la simple razón que mi sinrazón me dicta de que estoy harta de ser o parecer rara, que quiero ser normal, o, más bien, que el resto no piense que soy rara.
Y el Costillas, como un flamante caballero, que es lo que es, viene a mi rescate. Y me devuelve el orgullo de ser lo que soy, que lo tengo, no se crean.
Sí, soy así de normal, en general y mayormente, es lo que me sale de la polla y del jesús. A la par.
Y que se jodan las féminas.

lunes, 29 de enero de 2007

Cosas que me encuentro en la calle


Supongo que cuarenta años en las aulas permiten alcanzar un timbre de voz tan perturbador e intimidatorio como el que tiene mi madre cuando me organiza la vida, es decir, la mitad de los días que me llama. Yo supongo que ustedes también lo sufren con las suyas, pero les aseguro que mi S.M., Señora Madre, o Su Majestad, que viene a ser lo mismo, es capaz de romper toda la vajilla del IKEA de mi casa sólo enumerando una instrucción que comprende su especial entendimiento de las distancias madrileñas. Esto es: el sur de madrid y el norte se comunican, según ella, en un "momentito", porque total una hora de metro es un "sentarse un momentito" o bien "acercarse en un momentito". Pero lo peor, siempre, es que ella reclama su coto de libre acceso a mi intimidad bajo presión verbalizada en "Y novionotendrásynomeloquieresdecirhijacomoeres, ¿eh?, que nunca me dices nada, ¡ni lo de Panecito me dijiste!"...
Y esto son dos cosas que no me perdonará en la vida, lo sé. Lo del novio por lo de la semillita y lo del gato porque a falta de pan, bueno es un Panecito para efectuar las labores del nieto que se muere por tener.
Él es lo único que me he encontrado en la calle y me he llevado a casa sin que mediara drama de por medio. El mueble guapísimo de la entrada, mi última adquisición basurillas, no tiene el beneplácito materno; el Costillas, al que también me encontré en la calle pero ya desinfectado y todo -aunque escurrido y más viejito que ninguno, la verdad- no quiero ni mentarlo sin anillos de por medio; pero Panecito, ay, puede echarse la siesta en el flamante sofá del salón materno, con los quesillos puestos encima de los delicados bordados sin que mi S.M. diga ni mú. No exagero, les juro que desde que Panecito nos adoptó al Costillas y a mí, mi S.M. sólo llama para preguntar si juega, maulla, come, hace cacotas bien o echa de menos el sofá pitiminí que a este paso, seguramente, le caerá de herencia, mientras mis hermanos y yo apenas podemos cruzar el umbral del salón sin temer su ira. Al final tendrá razón mi Señor Padre, que dice que Panecito es un sinvergüenza, mientras se aprieta en el otro sofá para que, de nuevo, el bichamen se eche la siesta agustito.
Total, que haciendo cuentas, desde que cumplí los 28 hasta la fecha, incluyendo las cosas que he pagado y las que no, lo puto mejor que tengo me lo he encontrado en la calle.
Luego se me vendrán quejando de que no hago más que poner pasteladas en el blog. La culpa es de las rebajas, que me dejan insatisfecha, como mis explicaciones sobre el Costillas a S.M.
Porque madre no hay más que una y sólo quiere nombrar heredero a Panecito, les invito a que salgan a la calle y miren atentamente en la basura; si a mi S.M. le ha cambiado la vida, a ustedes también puede cambiársela.

lunes, 15 de enero de 2007

El sabor de las olivas


Procede de Cervantes,
pero está en una página
de Seferis: la idea
de crear un alter ego
y decidir hoy mismo
que exista un Caballero
puro nombre, poeta
que prepare el milagro.

[J.A. González Iglesias dixit, y yo me lo apropio para justificar la apertura de mi nueva sucursal de egocentrismo, que también tienen en el rascador en un cómodo primer puesto. Y todo por el módico precio de una flamante fuji-puente de 5,1 megapíxeles. Les parecerá barro, pero traigo el año cargadito de rica anchoa...]

jueves, 28 de diciembre de 2006

Deshojando margaritas


Always dreamed the boy I love would come along
And he'd be tall and handsome, rich and strong.
Now, that boy I love has come to me
But he sure ain't the way I thought he'd be.

He doesn't look like a movie star
He doesn't drive a Cadillac car
He sure ain't the boy I've been dreaming of but
He's sure the boy I love

Let me tell ya now
He'd never be a big businessman
He always buys on the installment plan
He sure ain't the boy I've been dreaming of but
He's sure the boy I love

When he holds me tight,
Everything's right
Crazy as it seems
I'm his, whatever he is,
And I forget all of my dreams
And everybody knows

He doesn't hang diamonds round my neck, oh-oh
And all he's got's an unemployment check
He sure ain't the boy I've been dreaming of but
He's sure the boy I love.

viernes, 15 de diciembre de 2006

Without words

Los recuerdos son a veces una suerte de traición hacía uno mismo, por muy dulces o almibarados que uno los quiera hacer. Tal día como hoy, hace dos años, "Lagata, aun stas a tiempo d tener tu camiseta d "las rennettes" ... si es que si, t cojo una pequeña? contestame... un beso..." y contesté y llamé y hablamos de mis entrevistas de trabajo, de la camiseta, del concierto. Me dijiste soy feliz, feliz, feliz, qué ganas tengo de verte, el sábado nos vamos, que salga bien tu cena de navidad, qué bonitas las luces del ikea, estaremos las dos en la primera fila gritando como locas. Gritando como locas que estábamos vivas. Ni siquiera me dijiste adiós. Hablamos el viernes, pero no, pero no porque fui estúpida, y no te llamé, y después no hubo tiempo. Y nunca más lo hubo y nunca te dije lo muchísimo que te quería, lo feliz que me hiciste durante esos años, la cantidad de sonrisas que te debía.
Tal día como hoy, hace dos años, hablé contigo por última vez. Y lo que creí un hasta luego fue un adiós en toda regla.
No vale la poesía para describir esto. No vale la poesía para nada, después de tí.
Ni siquiera tengo ganas de llorar. Ni de gritar.
Ayer el gato mordió los hilos de la camiseta que no pudiste entregarme. El mismo gato que pintaste durmiendo conmigo cuando siquiera existía la posibilidad.
Sólo yo aún estaba a tiempo. Y me pregunto que estúpida sentencia me ha dejado esta flecha de hielo en el corazón.
Pero hoy, dos años después, aun no he aprendido cómo se dice te quiero, con todas las letras, en la medida exacta de lo que siento y te echo de menos.
No sé. Duele. Sólo eso.

lunes, 11 de diciembre de 2006

Dos años sin ti


Y sólo has venido una vez a mis sueños, ángel.
Te quiero, mi niña-olivo.
Ójala pase pronto este mes...

jueves, 30 de noviembre de 2006

Conjuro para hacerme sonreír


No creo que nunca llegues a leer esto, ni siquiera sé si debería escribirlo, si estoy conjurando al dolor sólo por pensarlo, por creerme con derecho a nombrarlo. No soy más que un espectador completamente abnegado a la trama principal, y exijo que ésta tenga un principio, un nudo y un alentador desenlace. Quiero ver la función completa.
Quiero cogerte un día en mis brazos, saber que oías mi voz, o el sonido de mis dedos aporreando el teclado desde tu líquida y segura morada y darte la bienvenida a este mundo que estamos construyendo para tí. Quiero pintar cuadros para adornar tu habitación, quiero acompañarla a ella a comprar tus muebles, quiero que quieras vivir, por encima de todo, quiero que quieras vivir.
Quiero saber que hay una justicia natural que me permitirá verte sonreír y sonreír contigo.
Porque esto si que es importante. Lo demás, todo lo que pasa en este micromundo desde el que hablo, son adornos u obviedades. Pero tu eres de verdad, tienes que serlo, porque me estás enseñando a distinguir lo importante de lo imprescindible.
No permitas que ella desfallezca.
Estaré aquí para servirte de apoyo con la que dar la vuelta al mundo, si fuera necesario.

miércoles, 15 de noviembre de 2006

Tonto el que lo lea


Asisto estupefacta en estos días a las diversas y siempre jugosas disquisiciones sobre los bloggeros, sus usos y costumbres. Y me siento como Félix Rodríguez de la Fuente, acechando al lince ibérico y descubriendo su ritual de apareamiento; porque no nos engañemos, señores, entre las múltiples y variopintas razones que pueden llevar a un ser humano a construir uno de estos enejendros literarios o ficciónes autopublicitarias llamadas blogs está, cómo no, el acecho sexual.
Sin duda, la mayoría de las veces se tiñe de un breve o intenso sentimentalismo utópico y global, como las aldeas, y se adereza con una pizca de modernez escondida tras el acceso a las nuevas tecnologías de la información, lo cual no es precisamente barro, pero sí un poquín de mierda.
En fin, al turrón, que yo he venido aquí a hablar de mi Niño Bonito (no el que la tiene con música, pero así ya de paso confirmo las razones de mi so sugar temporada primaveral); y me siento extremadamente motivada para donar a la posteridad la razón que mi sinrazón me dicta*, por lo que paso seguidamente a exponer que de entre todas las hordas de blogs que surgen cada temporada, siempre hay alguno preferido que uno espera se perpetúe en el tiempo lamido por las aguas del río de Heráclito; los demás empiezan con ganas y terminan al poco en tristes osarios, actualizándose tan sólo con los comentarios de los lectores nostálgicos. Nunca pensé que mi Mister Blog 2006 terminaría engrosando las filas de éstos últimos.
Así que, hecha esta breve introducción, paso a comentar lo que me parece que mi Amor Platónico (de nuevo me estoy refiriendo a otro distinto al del miembro musical) haya decidido cerrar su blog:

CASI YO, ERES UN BASTARDO.


Así que me salto impunemente mi norma número tres para decirte que si tengo que pegarme con la plantilla para inagurar la sección ARENERO y meter ahí el link a tu mierda de página, te voy a ir a buscar a la oficina, chata, para darte de leches hasta que se me caiga la mano. Que me he quedado con tu cara y sé dónde vives.
Me da igual cómo lo hagas, pero tienes que escribir, y, por supuesto, pasármelo, que para eso me autoerigido en editor preferente de tu persona, entre cuatro más de este mundo.

Mariconadas las justas, que le estas robando el pan del copyright a mis hijos.

*1. Lagatazurda es, aparte de una oportunidad magnífica para fablar (en el sentido bíblico, por supuesto), un trastero que encierra todo aquello que me peta el disco duro, esto es, una racionalización extrema de mi espacio cerebral, ya que éste tiende a llenarse con agobios, angustias, baboserías y otras guarradas que se perderían como lágrimas debajo de la lluvia si no pudiera almacenarlas en este espacio que tan desinteresadamente San Blogger me proporciona más allá de la puerta de Thanhaussen.
2. Lagatazurda es, también, la casita de chocolate de una personalidad que no tengo, que nunca tendré y que quizás tampoco quiera tener más que aquellos raticos en que me afilo las uñitas con el teclado; no está basado en hecho reales, no es verdad, no es mentira. Yo soy mi mejor lector, porque escribo para mí y no para ustedes (por si acaso, me gusta mantener su nivel de egocentrismo muy por debajo del mío).
3. Lagatazurda tiene ciertas normas y reservas del derecho de admisión: nunca se utiliza, bajo ningún concepto, para insultar, referenciar de forma negativa, acosar, ofender, mirar de soslayo o decir algo malo de personas concretas que antes mi otro yo (el que se bebe el vino de misa) haya dicho de palabra, obra y omisión. Nunca es una vía de escape para lo malo que no me atrevo a decir. Sí suele ser una forma cómoda y bastante cobarde (porqué no, lagata es mía y me la follo cuando quiero) de decir cosas bonitas de la gente o expresar sentimientos que soy incapaz de pronunciar sin tartamudear.
4. Lagatazurda nunca incluye fotos y/o representaciones de mi persona en las que pueda distinguirse mi aspecto físico; yo a mí misma no me pongo, y el blog es para mí.
5. Lagatazurda nunca borra textos que esté editando en función de las personas que crea que lo pueden llegar a leer; yo soy mi censor y mi target preferente, lo que es bueno para mí es bueno para todos, entonces.
6. Lagatazurda se reserva el derecho a vetar, censurar, moderar o incluso editar los comentarios; ya sean propios o ajenos. El que no quiera acogerse a éstos términos puede abrirse su propio blog al módico precio.
7. Lagatazurda es el egolujo que me permito a mí misma, así, rollo Sanchez Dragó Juan Palomo.

lunes, 6 de noviembre de 2006

En la calle


chusco, ca.

1. adj. Que tiene gracia, donaire y picardía. U. t. c. s.
2. adj. Perú. Dicho de un animal: cruzado (ǁ de castas distintas).
3. adj. Perú. Dicho de una persona: De modales toscos. U. t. c. s.
4. m. Pedazo de pan, mendrugo o panecillo.
5. m. Pan de munición.

(Tengo un nuevo compañero de camino...)

viernes, 3 de noviembre de 2006

Como ratones colorados



Me pone enferma no poder bancármela yo sola, necesitar, pedir. A veces mis orígenes y desarrollos de niña pija me pegan un revolcón.
Y sin embargo él es feliz con muy poco, si tiene, lo utiliza; cuando no, sonríe y simplemente espera a que vengan tiempos mejores. Siquiera es egoista para reclamar nada por mucho que lo necesite; es generoso, en las buenas y en las malas. No necesita más que un espacio grande y luminoso para ver crecer las flores que encuentra por la calle. Quizá no es el más alto, ni el más guapo, ni el más triunfador, ni el más intelectual, ni el más moderno. Quizás no me pueda ofrecer una dote. Pero me está enseñando a vivir. A ser feliz sólo por tener una tarde soleada para dibujar.
Y yo creo que eso es mucho más de lo que me merezco.

lunes, 30 de octubre de 2006

Marché aux puces


Supongo que es mucho más fácil ver la paja en el ojo ajeno que la viga en el propio, y que eso es a lo que uno se agarra, inevitablemente, cuando tiene días contra el mundo. Hablo mucho de mi madurez, o, más bien, de la ausencia de la misma, y estoy empezando a descubrir, desde detrás de la viga, que crecer tiene mucho que ver con sentir vergüenza; así que vean ustedes aquí a una mujer (o eso creo) apocada ante las circustancias, enrojecida a cada minuto por el mundo en el que vive.
Para empezar, algo huele a podrido en Francia, y por la orientación del viento (me he chupado el dedo y lo he enarbolado en lo alto sin atisbos de indolencia) parece que l'origine pourrit son las escuelas. Eso me avergüenza, hasta el punto de que empiezo a pensar que ese bonito deporte nacional y weekendero que constituye la quema de coches y que se viene practicando desde hace mil años (por más que se empeñen en venderlo como algo moderno) no es más que una justa respuesta ante las circustancias de la abominable Patria Intelectual. O sea, que empiezo a entender a aquel vecino parisino que agarraba la escopeta los sábados por la mañana y se ponía a pegar tiros a las palomas, o a lo que cayera. La verdad es que las palomas son unos bichos muy asquerosos, y merecen morir, junto con las mariposas.

-Hasta aquí no me avergüenzo de querer un mundo mejor.-

Sigamos. El siguiente punto es la vivienda. Esto no es sólo que me enrojezca como a las damas medievales cuando los caballeros patanes les quitan los anillos o las mangas, es que empiezo a tener complejo de pantonario. Es que me cachis en los menes, incluso.

-Ahora ya me voy poniendo roja, pero sigo sinvergüenza.-

Otra cosa interesante es la pasividad y autocomplacencia enmascaradas bajo la imagen de la falsa lucha. El miedo, en sentido amplio. Hemos crecido en democracia, mirando como nuestros padres contaban batallitas sobre correr delante de los grises y bien calentitos en el seguro mundo de la autocomplacencia. Creemos que ya se hizo todo y que no hay más que hacer, nos sentimos alternativos sólo por hablar o incluso vestir, sin tener en cuenta si estamos apuntando en la dirección adecuada... o sólo por ofendernos cuando creemos que están burlando derechos que no nos hemos ganado ni estamos en disposición de reclamar.
Nos creemos guays y no llegamos a chachis. Igual que los franceses.
Y para ejemplo avergonzante e ilustrativo, el sábado, en el mercado de fuencarral, me bautizé en guía turístico y clamé "Y aquí, el alternativismo hecho mercado", a lo que alguien vestido tan formalmente como formales y coherentes son sus ideas, por más que muchas veces no esté de acuerdo con ellas, me contesto: "aquí el único alternativo soy yo".

-Recordándolo, más que roja, estoy magenta 100%.-

Así nos va, empero. En esto consiste nuestra madurez.
Llegará un momento en que la paja no exista y nos demos cuenta que lo menos alternativo es llevar gafas sesenteras, intentar pasar por intelectual y gastarte la pasta en vestir superpunki.
Sigamos pegándonos entre nosotros para ver quién es más guay mientras algunos se frontan las manos recordando aquello del divide y vencerás.

-En llegando este punto, me doy bastante asquito.-

Ustedes pedían acided (más... son insaciables, pequeños) y ésto es lo que se me ocurre.
Como ya saben, en detrimento de mis propios intereses, me niego por sistema a escribir cosinas malas que no diga antes con mi propia voz, pues para eso ya tengo mi vida diaria, que bastantes enrojecimientos propios y ajenos me causa como para encima constatarlos por escrito.

Pero es que lo de los franceses clama al cielo. Nosotros, sin embargo, lo estamos haciendo bien, ehinnn.

miércoles, 25 de octubre de 2006

Miradas


El choque con la realidad es siempre fatal, por ende, si uno tiene por costumbre vivir en una burbuja de perfecta percepción visual, a pesar de las dioptrías, los astisgmatismos y otros menesteres, el choque, además de fastidioso, resulta surrealista.
Cervatillo me dio la bienvenida a la realidad ayer por la noche, mientras nos cambiábamos los papeles y era él quien me acunaba en sus pequeños y poderosos brazos; me quitó los pantalones y por primera vez, tímidamente, me demostró no sólo que es millones de grados de coeficiente intelectual más listo que yo, sino que además es el hombre de la casa.
Así que me queda una ardua tarea por delante, de asimilación, no de demostración; cada uno vive las cosas a su manera, y no es cuestión de ponerse a justificar la propia perspectiva acerca de lo que ha pasado o no, más que nada porque el punto de vista, los sentimientos, las sensaciones que uno tiene son de uno, y no se pueden imponer, y esto vale para las dos partes implicadas en un problema.
En mi caso, además, creo que son difíciles de explicar o de comprender si no se pone voluntad, qué mismo da. Me gusta lo que hago pero podría dejar de hacerlo si alguien a quien quisiera lo suficiente me explicara y razonara porqué puede hacer daño.
Ad Hoc, no creo que sea el caso, así que me sigue gustando lo que hago, o, más concretamente, me sigue gustando aprender y no tengo ninguna razón para dejar de hacerlo, lo cual no implica necesariamente que no cuide bien a quién bien lo merece o que piense que todo el mundo a mi alrededor lleva mis ojos puestos en la cara. Pero el regustillo se carga la burbuja que me hacía sonreír por las mañanas y creer que otro mundo era posible en la palma de mi mano gracias a la perfección y buen hacer de mis semejantes, al menos por un momento.
Aunque existe. En forma de laberinto, persona dentro de persona, a mi lado, al alcance de mi mirada. Y eso sí que es importante, porque es de verdad lo mire quien lo mire, es de verdad y grande y atronador, y va a salir bien, lo digo como un conjuro, cruzando los dedos y tocando madera, y espero que mi ilusión alcance al menos para permitir que, aquí sí, se haga justicia.

Creo que la madurez pasa por aprender a reconocer lo que de verdad te hace sonreír.

lunes, 16 de octubre de 2006

Nuestra primera vez


Debimos rozarnos apenas, escondidos cada uno detrás de una piedra, con el tomillo adornándonos la mirada y el corazón dado la vuelta. Mi amor apretó entonces un saltamontes entre sus dedos y la niña que yo era acogió ese aliento desconocido en la nuca. Creía haberlo olvidado, el autobús, los gritos, el bocadillo, el chándal del colegio, la autorización para el viaje, esa horrible construcción en cuyo seno mi amor se mecía sólo cada noche; pero aquella mañana se abrieron las ventanas y entró la primavera.
Los dos fuimos rubios y ángeles y niños terriblemente tristes.
Estábamos muy solos. Estuve allí, fui a buscarle, y nuestras piernas llenas de postillas perdieron la movilidad mientras nos acogíamos mutuamente con la mirada.
Aquella lagartija en su mano, mi primer regalo, se retorció entre mis piernas y tomó medidas de mi cuerpo, y después volvió a su hombro para susurrarle dónde encontrarme cuando fuera el momento.
Desde entonces, nuestro mundo está lleno de preciosas salamandras que le cuentan mis secretos.

martes, 10 de octubre de 2006

En la cama con la Belle Damme Sans Merci



En la oficina AHRAM descansa contra el armario de los libros, esperando para impartir justicia. Su velado se va a efectuar este puente en el Mar Mediterráneo, como corresponde al sobrenombre: El navegante.
Y hasta puedo encomendarme en los lances. Nada que ver con hace un año....